“Hans Pujenhaimer”

image¿Conoces a Hans Pujenhaimer? ok, no pierdas tiempo Googleándolo,  es un personaje de Eugenio Derbez, un Alemán que vive en México y pretende entender nuestra cultura, y que en su intento por ello cada vez se impacienta más al querer lograrlo. ¿Ya lo ubicaste?, a mí me da mucha risa pero acompañada de angustia cuando pide  desesperadamente “¡¡¡ ¡que alguien me expliqué!!!!”.

Después del accidente, durante los siguientes 4 años me sentía igual que Hans, desesperada por que nadie me explicaba lo que tenía, el porqué diablos me sentía cada vez más inútil, por qué era una joven atrapada en el cuerpo de una viejita, por qué seguía arrojando resultados normales en los estudios y análisis realizados cuando mi vida se estaba encaminando literalmente al hoyo.

Hans nunca logra entender porque nadie se digna a explicarle, solo le queda la resignación.

Por lo que empecé a aceptar mi realidad, a conocer mis limitantes, a resignarme a tener un decremento en la calidad de mi vida y a notar el deterioro de mi cuerpo día a día.

Así como Hans, me sentía la bicho raro, todos estaban bien menos yo. Así que, ¿para qué ir en contra de todos?

Mi vida sin respuestas me convirtieron en una persona sedentaria y negativa, no solo con limitantes físicas, si no también mentales, porque ya no me esforzaba en que mi mente le mandara órdenes a mi cuerpo de funcionar, ¿para qué? si se suponía que no tenía nada. No tenía caso poner a correr a ese hamstercito que tenemos dentro de nuestra cabecita porque hubiera trabajado de oquis.

No me quedó de otra más que decir “esta soy yo, así soy y así seguirá siendo”, lo aceptaba, con tristeza y enojo, pero lo aceptaba.  Tomaba  algunos analgésicos y me untaba pomadas, todo ello sin éxito, sin notable mejoría.

No hubo un tratamiento real o atinado, porque no había un diagnóstico que también lo fuera, así que como este fluctuaba entre luxación y esguince,   fui a 2 periodos de 6 meses cada uno de terapia física. Constaba de un poco de calor, masajitos, piedras calientes, toquecitos y una buena charla.  ¿Suena rico verdad?, pero desafortunadamente no era en un spa con vista al mar y una piña colada en la mano.

Cuando iba, de antemano sabía que sí me relajaba y que me sentiría algo mejor, pero que no aliviaría mi problema de raíz, solo era como un maquillaje de mala calidad, me vería bien un par de horas pero después todo se escurriría y volvería a la realidad.

Había días en que no me levantaba de la cama, otros más en que iba a bodas de mis amigas casi en pantuflas, otros más en que me sentía como mi abuelita, cuidando bolsas y sweaters en lo que mis hermanas, primos y esposo se divertían en parques de diversiones, estaba como el chinito, no más mirando y tomando fotos.

En realidad así fue mi vida esos años, solo viéndola pasar como agua por mis manos.

 

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