A mover el esqueleto

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Hace ya varios años estaba haciendo quehaceres (lo que podía) con la tele prendida, debo confesar que aunque no me siento a verla me hace compañía, empieza el programa de Rachel Ray; me gusta por que dá recetas muy fáciles y siempre está de buen humor. Pero en eso, me tuve que sentar porque escuché de boca de un Doctor que el mejor remedio para el dolor de espalda es el EJERCICIO y ¿sabes cuál el peor? LA CAMA. Así como lo oyes. Ahora yo lo entiendo perfectamente, pero cuando apenas me podía mover y el doctor me dijo que tenía que hacer ejercicio, ¡casi me le iba encima como buitre a sacarle los ojos!, ¿qué no había escuchado que me dolía todo?, ¿cómo se le ocurre mandarme a hacer ejercicio?.

Comprobé lo que dice el Doctor del programa y mi Reumatólogo tratante, te digo porqué:

Muy entusiasmada pero bastante entumida me inscribí a clases de yoga, 3 veces a la semana por las tardes casi noche. Lo platiqué con mi doctor y la consideró muy opción porque permitiría, poco a poco, ir recuperando la flexibilidad y fuerza que mi cuerpo requería.

La verdad mi mente quería ir pero mi cuerpo se anclaba a la cama. Entre más tiempo pasaba en la cama peor me sentía, parecía que me salían raíces. Hasta que un día, después de 4 sin salir de casa, sin asomar la nariz a la calle y por supuesto sin ir a trabajar decidí ir a la clase. Con todo el dolor de mi alma (y cuerpo) me estaba vistiendo para ir cuando mi suegro, y al mismo tiempo jefe, habla por teléfono para ver cómo seguía. Me sentía peor que garrapata, después de no ir a la oficina por 4 días me estaba iendo al yoga, ¿qué pasaría por su cabeza? Pero total, ya estaba lista y nada me quitaría las ganas.

Regresé y mi esposo me recibió con cara de angustia, esperaba que llegara sintiéndome fatal y resulta que todo lo contrario. Llegué con un sensación de haber estirado cada músculo de mi tieso cuerpo, le daba alivio y al mismo tiempo mucha tranquilidad al terminar con la relajación. Él se sorprendió de verme feliz.

Por supuesto, que ya no falté a mis clases y aunque me sintiera adolorida, el ejercicio hacía que el dolor se atenuara y, conforme pasaba el tiempo, desapareciera.

Hay 2 ejercicios que recomiendan principalmente para la Fibromialgia:

1.- La Natación, como eres más ligera hay menos presión en tu cuerpo y es suave con tus articulaciones y vas recuperando tu fuerza.

2.- La Yoga, permite el estiramiento de tus músculos y recupera su flexibilidad.

Ambas prácticas, después de realizarlas, te dejan de lo más relajada, super rico. Así que puedes hacerlas por la tarde, casi noche para aprovechar ese sentimiento y poder dormir mejor.

Cualquier actividad que se te antoje, sí que se antoje, que te den ganas, que creas te va a gustar platícala con tu Doctor. Una vez que decidan la mejor para tí, busca a un maestro o instructor que se comprometa contigo. Que se interese en aprender de la FM y acoplar la clase para tu beneficio. Creéme, sí los hay 😉

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